O más bien se ha quemado. El otro día un bombero de las brigadas decía en un informativo que pensaba que ya no se producirían más incendios, porque no quedaba nada más que ardiera...
Trágico final para una historia que se viene repitiendo cada año. No llego a comprender la motivación de aquellos que los provocan, sinceramente. No puedo imaginar que alguien sea tan ciego y tan irresponsable como para sacrificar nuestros montes, un patrimonio que NUNCA volveremos a recuperar, aunque se replanten bosques de pinos, NUNCA será lo mismo.
Solo puedo enviar un abrazo y mi compasión (en el sentido bíblico de la palabra, sufro con ellos) por esta catástrofe a nuestros hermanos galegos.
Ojalá algún día volvamos a ver algo como la foto que encabeza este artículo cuando miremos al cielo en Galicia.